Ciertamente, es el estatuto de la obra de arte el que, según Benjamin, ha mutado, pues en la obra de arte reproducida técnicamente se pierde “algo” que se imprimió en el momento casi mágico de su creación. Y ese “algo” es lo que Benjamin expresa mediante el término “aura”, es decir, una constelación etérea llena de sentido por la cual se imprime en el momento de su creación, la marca distintiva que le confiere el valor auténtico y el significado originario, la manifestación de la cual sólo está al alcance de ciertos objetos artísticos -y naturales.
La reproductibilidad técnica, es decir, la asunción artística de la fotografía y el cine identificados como formas de producción cultural, es, en definitiva, una violación de las condiciones de posibilidad para la presentación de un arte aurático, es decir, de un arte que aún conserva el peso del valor de su unicidad y autenticidad. En el arte (re)producido técnicamente se sucede la degeneración de su autenticidad cuando son transgredidos los límites de su representación, es decir, cuando la obra de arte no soporta el peso ontológico de la multiplicidad ni el consiguiente abuso y desgaste del sentido por el cual fue concebida en el momento de su creación.
