Aunque, tal como hemos advertido, Benjamin no quiere reducir el fenómeno a una ontología de la obra de arte, él mismo hace notar que es precisamente la reproductibilidad técnica el factor decisivo que marcará el destino del arte moderno y de la emergente cultura de masas, pues el hecho de que una pieza esté sujeta a la posibilidad de ser creada, copiada, difundida y consumida de un modo idéntico, simultáneo y masivo, obliga, como mínimo, a conferirle un estatuto “distinto” de la obra que no es un simple producto tecnológico apto para el consumo masivo. Por ese motivo, cabe advertir que «La tesis de Benjamin es que la entrada de la técnica en los procesos de producción y distribución supone uno de esos cambios cualitativos que modifican la estructura misma de la cosa producida y distribuida, en este caso el arte. Por tanto, la reproductibilidad técnica no es una repetición a mayor velocidad, menor coste, etc. de lo que en otro tiempo y lugar se hacía manualmente, sino algo «distinto». La reproductibilidad técnica, esto es, la entrada de los dispositivos técnicos como mecanismos habituales de la producción y la distribución cultural, no es sólo una mera repetición del objeto (en este caso la obra de arte) por otros medios más poderosos, sino que implica una transformación del mismo objeto y, con ello, de las categorías o conceptos con los cuales se comprende.»1
1 Cabot, Mateu, Del arte y la percepción en la era digital, comunicación presentada en el “Encuentro Iberoamericano de Estética y Teoría de las Artes”, Madrid, 1-3 de marzo de 2004. Edición en línea: http://www.mateucabot.net.
